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La tierra aún no se calienta del todo

Por Charles Kenny

 

Feng Li/Getty Images

Es un gran momento para estar deprimidos por el destino del planeta. La última conferencia de Naciones Unidas sobre el cambio climático, una reunión celebrada en noviembre en Durban, Suráfrica, sugirió que es poco probable que ningún nuevo acuerdo sobre los gases de efecto invernadero tenga repercusiones antes de 2020. Y menos de un día después de que acabara la reunión, Canadá se retiró del único tratado actual sobre el cambio climático legalmente vinculante, el Protocolo de Kioto, que expira a finales de este año. Desde luego Estados Unidos nunca firmó Kioto y el Gobierno de Barack Obama no ha hecho precisamente muchos esfuerzos para buscar un tratado que lo sustituya. 

 

Mientras tanto, quedan menos de tres meses para la próxima gran cumbre ambiental, Rio+20, la Conferencia de Naciones Unidas sobre Desarrollo Sostenible, y podría decirse que las expectativas que despierta son modestas. El cambio climático quedó fuera del orden del día ya antes de que se fijase y hasta la idea misma de cambiar el nombre del Programa Ambiental de Naciones Unidas a Organización Ambiental de Naciones Unidas resultó demasiado ambiciosa para los negociadores.

 

Sin embargo, aunque los diplomáticos internacionales parezcan desesperados por dar la razón a los pesimistas y agoreros de todo el planeta, es importante situar el cambio climático en un contexto más amplio. Se trata de un problema vital para el mundo entero, que amenaza con retrasar el avance mundial hacia una mejor calidad de vida. El cambio climático ya es responsable de que tengamos un tiempo más extremo y está acelerando la extinción de varias especies; podría llegar a suponer la muerte de hasta el 40% de todas las especies vivas. Pero al mismo tiempo es un problema que sabemos cómo abordar, y aún estamos a tiempo de reaccionar antes de que impida definitivamente todo progreso. Y eso nos permite ser optimistas, porque el hecho de que sea controlable es el mejor motivo para intentar ocuparnos de él antes de abandonar toda esperanza como un pasajero de tercera en las entrañas del Titanic.

 

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