SIMAS

Los bancos de semillas criollas comunitarios

 

Jorge Irán Vásquez

Almacenar semillas en bancos comunitarios para la próxima época de siembra, ha sido uno de los caminos utilizados por cientos de familias productoras de las zonas rurales para enfrentar tiempos de sequía, garantizar la comida, la conservación y rescate de las semillas. Los bancos de semillas criollas han dado origen a diferentes proyectos comunitarios, que hoy forman hasta redes de intercambio.

 

 

Para conocer un poco más del mundo campesino de bancos de semillas criollas, Jorge Irán Vásquez, del Equipo Nacional del Programa de Campesino a Campesino conocido como PCAC, nos cuenta, a su manera, el alcance de la creación de los bancos de semillas criollas comunitarios.

 

Primero experimentamos, luego actuamos

“A inicios de 1996, antes de pensar en bancos de semillas el PCAC comenzó con la experimentación campesina, para estimular las capacidades investigativas de la gente. Hicimos experimentación sobre abonos verdes, como por ejemplo frijol abono que ayudó a quitar la idea en la gente de que cuando tiras el frijol abono, ahí no más crecía rápido y empezaba a dar nitrógeno al suelo. Se hicieron talleres para medir la cantidad de broza del frijol terciopelo, conocer sobre los rendimientos de maíz, frijol, y mejorar el cultivo de calalas, granadilla, etc.

 

Esta manera de trabajar y hacer las cosas ayudó a identificar el problema porque la gente experimentaba con unas cosas y su problema era otro. Había productores que experimentaban con arroz pero su ganado se le moría de hambre, y empezamos a buscar una solución. Ahí surge el tema de las semillas. La gente empezó a demandar semillas, y reconocemos que como organización no teníamos muy claro el tema de las semillas.

 

Después de muchas reflexiones los técnicos propusieron buscar variedades de semillas con buenos rendimientos, y nos acercamos al INTA para buscar semillas mejoradas. Pero fueron los mismos productores quienes nos dijeron que ellos conservaban semillas criollas y que debíamos darle la importancia que se merecen. Esa fue una alerta para nosotros.

 

Para el año 2002, cuando se creó la Alianza de Protección a la Biodiversidad, una red integrada por organizaciones nacionales, se empezó a conocer la preocupación de la entrada de los transgénicos y lo dañino de usar plaguicidas que atentan contra la salud de las personas, y la contaminación del lugar donde vivimos, poniendo en riesgo la vida.

 

Entonces organizamos foros, eventos en las comunidades para discutir sobre las semillas, y la conservación de especies animales y vegetales en su medio ambiente. Como somos una organización de productores ante la amenaza de los transgénicos vimos como una salida la conservación de las semillas criollas como patrimonio local. En ese período el PCAC de Nueva Segovia y Madriz se encontraba ejecutando un proyecto de Soberanía Alimentaria y los productores ya habían reconocido las variedades de semillas criollas a través de visitas a parcelas, y eso dio pie a organizar los bancos de semillas. Así empezó todo.

 

Es importante reconocer que el trabajo de los bancos de semillas ya lo venían promoviendo antes que el PCAC, organizaciones como el Centro Intereclesial de Estudios Teológicos y Sociales, mejor conocido como CIEETS. Cuando nosotros comenzamos a organizar los bancos nos encontramos con comunidades donde la gente tenía conocimiento de cómo guardar la semilla, y fue gracias a esa la labor del CIEETS.

 

El Banco de Semilla Comunitario ha sido el camino tomado por las familias para conservar y mantener las semillas criollas, y disponer de ellas cuando llega el tiempo de cosecha. Desde la experiencia del PCAC se han identificado modalidades de bancos comunitarios que van desde la forma centralizada, descentralizada y combinados. ¡Ahora explicamos cada una de ellas!

 

 

Foto Mercedes Campos

El banco de semillas centralizado

 

Es cuando las semillas se mantienen guardadas en una bodega comunitaria o en la casa de una familia encargada de resguardar en la comunidad. Funciona de forma muy similar al banco financiero, que a diferencia de prestar dinero, presta semillas. Cualquier persona puede asociarse a él mediante el pago de una cuota fija al año.

 

El beneficiario siembra las semillas y, después de la cosecha, devuelve al banco lo que prestó y un poco más a manera de interés. Aquí se cuenta con suficiente cantidad de semillas. Almacenadas en silos metálicos y otros tipos de recipientes.

 

El banco de semillas descentralizado o en red familiar

  Es una red de información sobre las reservas de semillas familiares y sus variedades, donde participan todas las familias. Aquí se registran las diversas semillas almacenadas en las diferentes casas de las familias socias del Banco. No hay una bodega única.

 

Su almacenamiento es variado y depende de las posibilidades y preferencia de cada familia: barriles, bidones, pichingas, trojas, tinajas, guasayas que cuelgan de los techos de las cocinas. La ventaja de esta forma es que pueden haber diferentes semillas pero en pocas cantidades.

 

El banco de semillas combinado

Es cuando una comunidad maneja al mismo tiempo semillas en una bodega y lleva el registro en las casas. Así manejan grandes cantidades pero también diferentes tipos de semillas.

 

El modelo usado por el PCAC es el banco descentralizado o red familiar debido a que: a)- Conservan las semillas criollas y acriolladas. b)- Abastecen a las familias y comunitarios de semillas para la Seguridad Alimentaria.

 

El hecho de intercambiar información y semillas responde a la demanda para la producción y de conservación de semillas criollas, permitiendo que mujeres, hombres, familias y comunidad mejoren sus relaciones vecinales, la organización comunitaria y administración de bancos de semillas criollas.

 

Métodos de Almacenamiento

Para que los bancos comunitarios mantengan semillas siempre deben no sólo almacenar las semillas, sino también conservarlas como una opción a los problema de almacenamiento. Según estudios realizados por investigadores las familias pierden entre el 40 y 60 por ciento de las semillas por falta de condiciones en las casas y quedan a merced de las plagas, dejando mucha pérdida en la producción. Dicho de otra manera, que de cada 100 libras almacenadas pierden hasta 60 libras. Las técnicas de almacenamiento varían según la capacidad y posibilidad de cada familia.

 

Entre las técnicas más utilizadas está la troja campesina. Esta troja es una estructura de madera donde se guarda el maíz en mazorcas. Podes forrarla con malla metálica para permitir la ventilación, y las mazorcas puedan secarse por completo y no agarren moho.

 

Otros guindan las mazorcas bajo las cocinas, conocida como “guasaya” que son gajos de mazorca colgados sobre el fogón, así el humo protege las semillas; otras las cuelgan de árboles. Estas técnicas sirven al manejar cantidades pequeñas.

 

El silo metálico es otra opción para almacenar mayor cantidad, y da garantías en la protección contra las plagas de almacenamiento agregando una pastilla de curar granos,y otras formas más sanas como el uso de ajo en frascos perforados. Un silo para guardar ocho quintales de semillas tiene un costo entre 1,200 ó 1,500 córdobas, pero el inconveniente es que para una familia es mucho dinero.

 

 

Archivo PCAC

Bancos Comunitarios y la falta de diversidad de semillas

 

Uno de los aspectos en que debemos trabajar es la poca diversidad de semillas criollas en los bancos comunitarios. La experiencia nos ha dicho que en bancos centralizados la tendencia es quedarse con pocas variedades, por ejemplo el frijol rojo.

 

Las razones de la poca diversidad está relacionada con la capacidad de almacenamiento y la falta de variedad de semillas.

 

Se piensa que para guardar diversas semillas tenés que contar con igual número de silos. Hay experiencias que demuestran que en un silo podés almacenar diversas variedades si las guardás en sacos con el nombre escrito de cada variedad, y podrá tener diversas semillas.

 

Otra causa es no contar con una variedad y tipos de semillas para la comercialización de los excedentes, en los bancos comunitarios.

 

Algunos bancos han crecido y han logrado vender excedentes por la demanda de cierta semilla en especial, y se quedan con las variedades más buscadas.

 

En las ferias organizadas por las organizaciones de productores la gente que visita la feria sólo quieren el frijol rojo, ya frijoles de otros colores como el negro, blanco no se venden. Una forma de promover las otras variedades es con la degustación o preparación de platos de comidas, pero se cae en una contradicción, ya que al momento de que un consumidor busca ese tipo de frijol que probó, no lo encuentra debido a que el productor lleva sólo “el rojito”, porque es el que da más reales.

 

Esto no significa que sea malo, pero es importante no perder la motivación principal por conservar la semilla criolla y la diversidad.

 

Conocemos la experiencia de la organización Plan Nicaragua, que ha promovido bancos de semillas en siete comunidades del municipio de Villa El Carmen, Managua.

 

El proyecto dispuso recursos, entregó semillas mejoradas, silos y los insumos. Hasta abrió una cuenta bancaria para apoyar el fortalecimiento de los bancos comunitarios. Nosotros hemos conversado con ellos y hemos propuesto continuar con el fortalecimiento de los bancos comunitarios, pero diversificando con semillas criollas.

 

Hemos comenzado a hacer un inventario para identificar las semillas criollas existentes en las siete comunidades, y se han encontrado seis variedades de maíz y una de frijol. Sabemos que las semillas mejoradas no han salido tan buenas en términos de plaga y rendimiento. Es difícil que las personas manejen la importancia de las semillas criollas, sin embargo han reconocido que algunas variedades están resolviendo. Igual ha pasado en Matagalpa donde grupos que ya tenían bancos de semillas y que habían guardado semillas mejoradas, presentaron los mismos problemas.

 

Cuando propusimos diversificar con semilla criolla gustó a las familias, fue refrescante porque la gente tendrá semillas criollas a su disposición y ya no comprarán semillas en las casas comerciales. Un ejemplo es el banco de semilla en la comunidad El Horno 2 en Matagalpa, que comenzaron con el CIEETS y hoy ya han incorporado semillas criollas.

 

 

Archivo PCAC

Bancos de semillas y la conciencia comunitaria

 

Uno de las aspectos más importantes de los bancos comunitarios es que las familias que participen tengan conciencia de la necesidad de preservar las semillas, y no sólo se trate de responder a los proyectos.

 

Los bancos de semillas estimulan la reserva de semillas. En algunas comunidades han definido el resguardo del 10 al 20 por ciento de las semillas producidas. Eso ha permitido que después de una fuerte inundación esa comunidad cuente con reservas para el consumo y la siembra. Es una opción ante cualquier fenómeno natural.

 

Bancos de semillas como centro de conocimientos

No es sólo llevar la semilla, cosechar y entregar. Detrás hay actividades de intercambio sobre curado orgánico, días de campo, mejoramiento de variedades realizadas en la parcela de una de las familias, donde todos los beneficiarios participan.

 

Bancos de semillas estimulan la organización comunitaria

Muchos bancos han sido organizados a través de proyectos. A las familias se les facilitan silos, semillas, pero una vez que se retiran, la gente no quiere asumir los pagos, o terminan desencantados.

 

Eso ha venido cambiando con los años porque se ha creado responsabilidad y conciencia en la gente. Organizar un banco no es tan sencillo, debe haber conciencia porque es un bien colectivo y se crean mecanismos para el manejo del recurso.

 

Se dice fácil, pero ha sido un proceso con sus dificultades y logros. Hay bancos de muchos años y con capacidad de beneficiar a otras comunidades; de familia a familia, de comunidad a comunidad y de territorio a territorio.

 

Semillas frescas y Bancos Vivos

Como resultado de los intercambios de experiencias, han surgidos iniciativas de productores de Rancho Grande y Darío en Matagalpa, conocidas como “Semillas frescas”.

 

El municipio de Darío por ser una zona bastante seca, presta semillas a los productores de Rancho Grande de la zona húmeda, para la cosecha de Apante en diciembre. Una vez que sale la cosecha, los productores de Rancho Grande regresan semillas frescas de la misma variedad a los productores de Darío.

 

En algunas zonas del país se promueven los “Bancos Vivos” con el intercambio de yuca, camote y plátano entre las familias. Por ejemplo en los bancos comunitarios de Masaya han avanzado en la recuperación del pipían garza que estaba por desaparecer. Debemos recordar que los bancos de semillas criollas son la vida del sistema de la Red Comunitaria generadora de conocimientos, organización y experimentación. En el futuro habrá que pensar cómo pasar de los bancos comunitarios centralizados a los bancos combinados y así garantizar cantidad y diversidad”, finaliza muy optimista el ingeniero Jorge Irán.

 

El PCAC en los últimos 10 años ha organizado 168 bancos de semillas criollas comunitarios en 12 departamentos, en 39 municipios y alrededor de 130 comunidades, beneficiando a más de 1600 familias.

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