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La mejor opción para el Gran Canal debe ser fuera del lago Cocibolca

Foto: END

El profesor Salvador Montenegro Guillén, del Centro para la Investigación de los Recursos Acuáticos de Nicaragua (CIRA-UNAN), y especialista en limnología (estudio científico de lagos y lagunas, según la Real Academia Española) y gestión integrada de cuencas, sostiene que el lago Cocibolca corre potenciales riesgos si se construye un canal interoceánico que lo atraviese, ya que estaría expuesto, por ejemplo, a un derrame tóxico.

 

“Basta un evento, accidental o deliberado, para perder el agua potable y de irrigación para el futuro desarrollo nacional”, asegura Montenegro Guillén en entrevista concedida a El Nuevo Diario, respondiendo a las mismas preguntas que se formularon días atrás a Jorge Jenkins, fundador del Instituto de Recursos Naturales y del Ambiente de Nicaragua, en los años 80.

 

En términos medioambientales, ¿es viable un canal interoceánico, tomando como premisa que cualquier ruta pasará por el lago Cocibolca?

 

Las características topográficas de nuestro país permiten considerar diferentes opciones, muchas de forma ambientalmente sostenibles. A pesar de esto, el diseño básico del canal que se propone, es el mismo que fue concebido hace 130 años por el Cuerpo de Ingenieros de los EE.UU., que considera atravesar el Gran Lago Cocibolca, que, desafortunadamente, es el peor escenario posible por la natural fragilidad ambiental de este lago en particular, y (por) las opciones que perderíamos para lograr desarrollo social, económico y ambientalmente sostenibles, que solo son posibles con un Cocibolca aprovechado racionalmente, y adecuadamente protegido.

 

Las seis rutas que se estudiaron en la Comisión del Gran Canal, durante el gobierno del expresidente Bolaños, pasaban por zonas de rica biodiversidad, incluida la Indio Maíz, ¿qué impacto tendrá en estas?

 

Necesariamente, la construcción de una obra consistente en una zanja de cientos de metros de ancho, 30 metros de profundidad y longitud ininterrumpida por muchos kilómetros en las secciones terrestres, causará modificaciones e impactos al funcionamiento natural en los ecosistemas.

 

La conectividad y el flujo de las poblaciones de muchos animales así como las poblaciones humanas se verán afectadas, aunque es difícil predecir hasta qué niveles.

 

¿Cuántos puentes exclusivos para facilitar el paso de la vida silvestre sobre el cauce serán construidos, con qué criterios, en qué localidades?

 

Toda obra causa impactos o modificaciones al funcionamiento ecosistémico, es responsabilidad del proponente --y como garante el Estado--, asegurarse de que sean las intervenciones mínimas para garantizar tanto la sostenibilidad de la inversión como la homeostasis (estabilidad) del ecosistema.

 

El vocero de la empresa china que tiene la concesión por 50 años para construir, operar y administrar el canal, alegó que cuidarán el ecosistema porque reforestarán las áreas cercanas al canal para mantener los niveles de agua, ¿basta con eso?

 

La cuenca de los grandes lagos y el río San Juan inicia en el centro del país, con la cuenca artificial del lago Apanás. Para optimizar la administración de la materia prima de este proceso, el agua, deberá considerarse la rehabilitación total de la cuenca que ha sido erosionada durante cinco siglos. El término “reforestación” ha perdido el sentido, ya que ha devenido en simplemente plantación de árboles, y lo que resulta necesario en este caso es la implementación de las previsiones de la Ley General de Aguas Nacionales (Ley 620), relativas a la Gestión Integrada de Recursos Hídricos en dicha cuenca, a través de la Autoridad Nacional del Agua (que incluye el rescate de la cobertura forestal, no solo “reforestación”).

 

Igualmente, con la Ley 699, la Asamblea Nacional conformó la Comisión de la Cuenca 69, con el mandato de “aprovechar racionalmente y proteger la cuenca de los grandes lagos y el río San Juan”, por lo que al Estado de Nicaragua y a quien sea que disfrute la concesión territorial y canalera, corresponde la función de rehabilitar esta cuenca, de forma que tanto el proyecto del canal, como la irrigación de las 600,000 hectáreas --compromiso del Gobierno con los países del ALBA-- y la salvaguarda de la calidad y cantidad del agua potable, entre otras opciones útiles al desarrollo nacional, cuenten con el agua necesaria para estos fines.

 

Por otra parte, corresponde a los nicaragüenses exigir que se tomen las precauciones suficientes y necesarias a quien corresponda. El inversionista busca maximizar sus ganancias, al nicaragüense le toca cuidar el futuro de sus hijos.

 

¿Qué pasaría con los pobladores de los municipios que se abastecen de agua del Cocibolca?

 

El total de los 5 millones y medio de nicaragüenses, necesitamos unos 4.8 metros cúbicos de agua por cada segundo transcurrido. Normalmente, cuando el Cocibolca se encuentra a 31.10 metros de altura sobre el nivel del mar, descarga al río San Juan unos 250 metros cúbicos cada segundo, por lo que su potencial de abastecimiento de agua para toda Nicaragua es evidente.

 

Son pocos los municipios que aprovechan hoy día las aguas del Cocibolca, pero muchos más necesitan hacerlo, y si llegara a ocurrir un derrame de petróleo (“marea negra”), por pequeño que fuera, sería el fin de las esperanzas para el abastecimiento nacional y para la exportación de excedentes a los países vecinos. Un derrame sumamente pequeño, como de 5,000 barriles, llevaría más de 20 años de trabajos para eliminarse, dadas las particularidades del Cocibolca, y sería suficiente para suspender los usos consuntivos de las aguas de dicho lago, como beber e irrigar.

 

¿Cuál es el principal desafío, en términos de medioambiente, en una obra de esta magnitud?

 

Claramente esta es la inversión en infraestructura de mayores dimensiones que ha sido concebida para Nicaragua. Además de necesitar suministro fiable y predecible de volúmenes de agua suficientes para la operación del canal, se necesita reemplazar los volúmenes de agua descargados con el paso de cada barco.

 

El propietario de la empresa concesionaria ha declarado en Beijing que la zanja a construirse de océano a océano a través de Nicaragua, tendrá 286 km de longitud, 520 m de ancho y 27.6 m de profundidad. En consecuencia de esas cifras, se necesitaría un mínimo de 4,104 millones de metros cúbicos de agua, simplemente, para llenar esa zanja con agua. ¿Dispone de esa agua el Cocibolca? ¿Cuánto tiempo es necesario para reemplazarla?

 

Desconozco las expectativas que tienen los proponentes, pero no es apegado a la sensata realidad apostar el futuro y la sostenibilidad de este proyecto, y, en consecuencia, el bienestar de mi país, a la esperanza incierta de contar con esa cantidad de agua, especialmente en tiempos de variabilidad y de cambios climáticos de gran incertidumbre. La sostenibilidad de nuestro futuro no puede ser un juego de azar.

 

Ver nota completa en el Nuevo Diario.

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