SIMAS

Ama cultivar la tierra desde la agroecología

Mayra Rodríguez Espinoza, es una de las innovadoras con las que trabaja el Servicio de Información Mesoamericano sobre Agricultura Sostenible (SIMAS) en el 2015. La agricultora vive junto a su familia en la comunidad El Horno, en el municipio de San Ramón (Matagalpa) y se reconoce a sí misma como una promotora de la agroecología.

Esta productora recuerda que sus primeras capacitaciones las recibió en el Programa Campesino a Campesino (Pcac) en donde se convirtió en una promotora incansable para que sus vecinos mejoraran la producción que cultivaban. Luego fue estudiante en la primera escuela de agroecología del SIMAS donde reforzó sus conocimientos y en la actualidad es parte de los 20 innovadores que desarrollan prácticas agroecológicas en sus parcelas.

“Soy innovadora, es algo que tiene que ver con el tema de agroecología, con el trabajo de la biodiversidad, en la protección de la madre tierra, todos los complementos que se deben usar en la tierra tanto como abonos orgánicos, diferentes semillas, tubérculos, musáceas, todo con lo que se tiene que trabajar en la parcela”, explica Rodríguez.

La innovadora Mayra Rodríguez E. F WQ/SIMAS

Parcelita propia

La agricultora cuenta que tiene “una finquita de medio cuarto” en la que está trabajando este año lo que representa un sueño hecho realidad. “Nunca he tenido mi propia tierra para poder trabajar, tengo años de incidir, proteger y participar en la protección de la madre tierra y siempre soñaba con tener mi propia tierra. Con mi mamá trabajaba en su terreno de seis manzanas de tierra y junto a ella trabajamos en la diversificación y mejoramiento de parcelas, en los casamientos de cultivos y hemos ido aprendiendo sobre agroecología, ahora como mi padrastro me regaló un cuarto de terreno ya comencé con mi propia cuenta a sembrar”, relata emocionada Mayra.

Rodríguez reflexiona y señala que en los intercambios de experiencias ha visto cómo los que no tienen tierra quieren hacer mucho y los que tienen no hacen nada. Por eso no se cansa de hablar de las bondades de la agroecología y cómo a través de buenas prácticas se logran grandes resultados a nivel personal, familiar y comunitario.

“Ahora siembro chayotes, maracuyás, piñas, algunos cultivos pequeños porque tengo cuatro meses de haberme pasado a mi terrenito, como he sido estudiante del SIMAS sobre tres años en la escuela de agroecología, una de mis alegrías fue cuando me llamaron del SIMAS y me dijeron que era una de las innovadoras y me preguntaron cuál era mi sueño, de mi parcelita, les dije que poner muchos cultivos: naranjas, mangos, mandarinas, sembrar guineos y plátanos. Tener una lumbricultura, hacer una pilita de agua para mantener las plantas, para regarlas, mis sueños son muchos, hasta tener gallineros, cerdos, de todo, tener un tratamiento para los desechos...”, relata la agricultora.

En la actualidad Mayra cuenta con 25 plantas cítricas las que plantó en el verano, pero por la crisis climática las está cuidando más. “Lo que hice fue sembrar todas las plantas y para que ellas se mantengan protegidas con este verano les sembré gandul frijol abono y ella las está protegiendo. Tenemos problemas de agua por eso las regamos por la noche, día de por medio”, explica.

Esta innovadora es imparable y a la par de sus plantas cítricas inició la producción de abono agroecológico, “ya tengo lumbricultura. Tengo mes y medio y he sacado como tres baldes como abono biomineral y lo estoy guardando. Soy responsable de un banco de semillas acriolladas y criollas en la comunidad El Horno y con lo que hemos aprendido en el SIMAS vamos hacer un biomineral para que tengan para el foleo del frijol y del maíz, para que se garantice la siembra de primera y postrera”, apunta Rodríguez.

Mayra Rodríguez Espinoza participa en la feria de la Escuela de Agroecología de la Zona Alta que atiende SIMAS. Foto WQ

Aplica conocimientos

Dentro de su innovación Mayra sembró también 30 cepas de guineos y espera sembrar otra de plátanos de diferentes variedades para que vayan “casados” para un total de 50 unidades. “Quiero que el frijol abono me las fertilice y tirarle todo lo que es abono orgánico para que quede como orgánica. Mi sueño es no ponerle nada de químicos y ahorita con la lumbricultura se me acercaron la hormigas enemigas y qué les echo? me decía yo y los vecinos me recomendaban “echale Norvan” (veneno) y dije no. Entonces vine y de la ceniza que estaba caliente se las puse alrededor de la lumbricultura y con eso se fueron”, sonríe la innovadora.

Rodríguez relata otras estrategias sencillas y efectivas que ha implementado en sus cultivos: “Luego me atacaron los zompopos, mi otro enemigo en la noche, y se acercaron a mis naranjas, igual hice puse las cenizas calientes, rellené todo y se han retirado, he mejorado poco a poco, cuento con una pila, con un tanque donde almaceno agua con las que regamos por la noche las plantas. Esperamos para invierno hacer una pila grande con un tractor, como una laguna cerca de mi casa para mantener permanente agua para el verano, la jalaré con una manguera hasta donde tengo mis plantas. Ojalá tengamos un buen invierno para que la laguna tenga suficiente agua. Allí quiero sembrar aguacates para proteger la fuente”, señala.

Además de su trabajo como promotora Mayra ha criado a cinco hijos quienes le ayudaron en la primera parte de su innovación, lamentablemente por la situación económica sus hijos mayores emigraron a Costa Rica. “Ellos me ayudaron a cercar las plantas, a jalar estiércol para sembrar las plantas y esa ha sido mi mano de obra. Ahora haremos un bancal, solo me falta rellenarlos, pero estamos en verano, vamos a esperar que peguen bien los cítricos. Mis hijos se fueron y solo me quedé con mi pequeña de 11 años a quien le gusta trabajar la tierra como a mí. Ella tiene un jardín al que le ha puesto frijol abono y sembró pipianes y con el mismo riego que se tiene en las plantas ya están grandecitos”, comenta Rodríguez.

La promotora tiene muchas más ideas y no solo para su parcelita sino para la comunidad donde habita. “Quiero proponerle a la gente que sembremos y tengamos todos unas parras de chaya, somos 250 familias y tendríamos 250 parras, ¿cuánto no sacaríamos unidos todos? Y hasta tendríamos para vender en el mercado. Lo que aprendo se los digo en todos lados, en las escuelas les digo que hay que sembrar guineos y maracuyás donde se amerite no solo se vive de maíz y frijoles”, apunta Mayra.

Para esta agricultora la concientización de la cultura agroecológica debe iniciar desde adentro del seno familiar, para que las nuevas generaciones realicen cambios que permitan mejorar el medioambiente. “Tenemos que concientizar desde adentro de la familia. Hay familias que usan químicos, nos lo dieron las empresas y eso hay que cambiarlo. Ya la mayoría no quiere utilizar el machete y usar químicos deja infertil la tierra. Ahora de tanto químico queda la madre tierra infertil como una mujer que ya no puede tener hijos. Amo a la tierra, no debemos quemar ni utilizar químicos, hay que trabajar con la agroecología y en la ciudad deben valorar al campesino que hace un gran trabajo para que sobreviva la población de la ciudad”, finaliza Rodríguez.

Relacionados