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Las bondades del cultivo biointensivo en invernadero

Las hortalizas cultivadas en invernadero con riego por goteo consumen la mitad del agua que se necesita cuando se cultiva a campo abierto en los ambientes agroclimáticos tropicales del corredor seco nicaragüense.

Este es el resultado que revela un experimento desarrollado en temporada de verano del 2015 por el CATIE, en Somoto, 240 km al norte de Managua.

El experimento fue conducido por la estudiante panameña de Maestría en Agroforestería del CATIE, Usbeika Rojas, en las comunidades de Icalupe y El Chinchal, para demostrar que el agua de lluvia cosechada en lagunetas se aprovecha mejor cuando se cultiva de forma biointensiva, en invernadero y con riego por goteo, que cuando se hace de forma tradicional a campo abierto.

Mayor rendimiento

Para el evento experimental Rojas seleccionó los cultivos de chiltoma (Capsicum annun) variedad Nathalie, tomate (Lycopersicum esculentum) variedad L-7 y pepino (Cucumis sativus).

Como fuentes de agua utilizó dos lagunetas de 17 mil y cinco mil metros cúbicos de capacidad, construidas por ECADERT y la Alcaldía de Somoto en las fincas de los productores Luis Flores, en Icalupe, y Amparo Montoya, en El Chinchal.

Los resultados, hasta ahora preliminares, mostraron que cada planta de tomate consumió en el invernadero un promedio de 2.77 litros diarios de agua, la mitad de la que necesita una planta de tomate que se cultiva a campo abierto (5.7 litros), según datos del INTA-Nicaragua citados por la investigadora.

Para el pepino, el promedio de consumo en el invernadero fue de 3.59 litros diarios por planta, frente a los 6.54 litros diarios que consume una planta cultivada a campo abierto con el mismo sistema de riego por goteo.

Cada planta de chiltoma (chile dulce) consumió en el invernadero 2.77 litros diarios de agua, que corresponden a la mitad del agua que necesita la planta cuando se cultiva a campo abierto, según los datos proporcionados por la investigadora.

El cultivo biointensivo desarrollado por Usbeika Rojas consistió en la aplicación de una agricultura orgánica integral, enfocada a proveer a la planta las mejores condiciones de suelo, agua, nutrición, ambiente y manejo integrado de plagas, para potenciar la producción de forma sostenible.

El trabajo de experimentación se desarrolló en Somoto, uno de los 66 municipios del corredor seco nicaragüense más afectados por los principales efectos del cambio climático –más sequía y más calor- sobre la agricultura y la ganadería.

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