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Huertos urbanos alemanes: “Volver a la tierra”

Los huertos urbanos representan una recuperación del espacio en las ciudades porque mejoran la manera de vivir, tanto a nivel ambiental, de seguridad alimentaria, además de relacionarse con la tierra, los procesos de producción y la naturaleza.

Muchas niñas y niños viven tan aislados y encerrados en las grandes ciudades de Europa, que no relacionan la leche con la vaca, en el mejor de los casos llegan a suponer que son moradas, como aparecen en cierta marca de chocolates.

En Alemania, los llamados huertos urbanos son pequeños espacios que los ayuntamientos o empresas de ferrocarriles de Alemania ceden en renta a las asociaciones. En estos lugares cultivan hortalizas para autoconsumo, flores y ciertos árboles frutales como los cerezos, manzanas y ciruelos para “oxigenar” poco a poco las ciudades.

Foto Roberto Vallecillo/ Simas

“Yo soy Ingeniero en Sistemas y por mi tipo de trabajo paso todo el día entre cuatro paredes, vivía con esa sensación de estar incompleto y sentía la necesidad de encontrarme con la Naturaleza. Siempre he tenido la idea de plantar con mis propias manos y producir nuestros alimentos sanos para el día a día. Además mi niña lo disfruta tanto, que con sólo verla tan alegre y suelta en el huerto, es más que suficiente para mí...” argumenta Yatkin, un ciudadano de origen turco y habitante de Nürnberg (Alemania).

Los más de un millón de huertos urbanos tienen su origen al inicio del siglo XIX cuando servían para combatir el hambre. Tuvieron su auge después de la Segunda Guerra Mundial cuando muchas ciudades estaban en ruinas y faltaba comida en todos los lados.

En la actualidad representan un aumento de áreas verdes recuperando terrenos vacíos, haciéndolos visibles, con espacios para compostar restos de la cocina o del propio huerto. La mayor parte sigue las reglas de la agricultura ecológica procurando favorecer el cultivo de variedades locales, aumentando así la biodiversidad. Practicamente en todos los huertos se usa agua pluvial para regar y compostar.

Cada kleingarten, que significa jardín pequeño, mide entre 200 m2 y 400 m2. Muchos cuentan con un pequeño cobertizo, cabaña o caseta de unos 12 m2 a 20 m2 para guardar las herramientas, insumos, descansar, tomar el café y comer algo. No está permitido tener animales ni dormir en los huertos; sólo se puede usar durante el día. Según los estatutos de las asociaciones, como la Goldenbach, se deben dedicar al menos un tercios del terreno para vegetales.

Aprendiendo

Yatkin a sus 36 años vive con su familia en unos de los apartamentos rentados en un edificio de cuatro pisos, cerca de los terrenos del huerto. Él como socio estuvo en una lista de espera por mucho tiempo para poder acceder; ahora está completo. Por la renta paga 200 euros al año; aunque el promedio en Alemania es de 373 Euros.

“Estoy aprendiendo a cultivar frijoles de habas, habichuelas, brócoli, tomates, zanahorias, rábanos, perejil, lechugas, flores y hacer abonos orgánicos...”, concluye Yatkin, muy satisfecho de sus logros de volver a la tierra.

Esta nota fue posible gracias al apoyo de Karin Gleixner, del Ayuntamiento de Nürnberg, quien hizo el contacto y fue la traductora en la entrevista y editó el texto. Agradecemos también a Frederike Hanssels, de FINEP, responsable de organizar el Speakers Tours por cinco ciudades alemanas hermanadas con Nicaragua.

 

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