SIMAS

La otra cara del Proyecto “Copalar”

James R. Feltz Watson* Apesar de la grave crisis energética, soy un inversionista de los Estados Unidos que vota en contra del Proyecto Copalar. En los 80, yo, James R. Feltz Watson, norteamericano, residente en Nicaragua, invertí 11 años de mi vida atendiendo las 35 comunidades de la parroquia Cristo Rey de Bocana de Paiwas como el cura párroco. Casado desde 1992, he invertido en un pequeño inmueble en el pueblo. A mis 69 años de edad no quiero que la casa, herencia para mi hija, se convierta en cueva de lagartos. Desde 1992 he invertido mucho logísticamente en un incipiente movimiento autónomo de mujeres campesinas en la misma zona de primer impacto del proyectado sistema hidroeléctrico llamado Copalar. Durante y después del fenómeno Mitch, ayudé a canalizar ayuda de emergencia y materiales de construcción para 47 viviendas y para un centro cultural en Bocana de Paiwas, estructuras que quedarían bajo las aguas del embalse. El proyecto es ilegal y un juego de azar Estoy en contra del Proyecto Copalar y critico a los medios de comunicación por aliarse con los intereses que están detrás del proyecto. Además de ser ilegal por no cumplir con la Ley de Suspensión de Concesiones de Uso de Aguas, Nº 440, la eficacia a largo plazo del mismo proyecto es seriamente discutible y un juego de azar. Sin embargo, los medios de comunicación en general tienden a promulgar el proyecto sin investigarlo, sin indagar en ello y sin pesarlo frente a otras alternativas de energía para Nicaragua, como la eólica, que tiene muchísimo potencial (¡40,000 megavatios según un estudio hecho por las Naciones Unidas!) En cada artículo nuevo publicado se aumenta el número de los megavatios que el Proyecto Copalar produciría. Sin embargo, el monto del costo, mil millones de dólares, nunca cambia. Históricamente, los presupuestos para megaproyectos de esta clase han sido siempre muy por debajo de lo que un país termina pagando. Y el potencial de cada megaproyecto tiende a ser muy exagerado en papel comparado con la energía que en efecto termina generando durante mucho menos tiempo que lo prometido por sus promotores. Los costos son astronómicos, sociales y ambientales En lugar de las plumas de la mayoría de los periodistas que actualmente pregonan el proyecto como un hecho consumado, como si Copalar fuera un lugar desértico en la otra cara de la luna, me gustaría poder contratar aquella del “caminante de Masatepe,” tan leído en la página de Opinión este diario, para presentar los verdaderos astronómicos costos tanto sociales como ambientales del mentado sistema hidroeléctrico. (Aclaración: No soy el tal Watson que el “caminante de Masatepe” menciona de vez en cuando.) El “caminante de Masatepe” sí indagaría. Él sí tomaría en cuenta también, con sensitividad humanitaria, los efectos nocivos del proyecto para el país en lugar de sólo montar ingenuamente encima de la carroza de mercadeo desfilada por miembros de la Comisión Nacional de Energía, por dirigentes políticos de todo color, por altos mandos del Ejército, por empresarios constructores nacionales y por los hasta ahora misteriosos inversionistas extranjeros que extrañamente no dan la cara, aunque supuestamente ellos van a cubrir 70% de la inversión. ¿Sería una multinacional actualmente blanco de protestas de la sociedad civil en otros países donde promueven semejantes megaproyectos? ¿Siemens? ¿GE? ¿Voit? ¿ABB? México necesita mucha energía Tal vez el “caminante de Masatepe” hallaría alguna empresa española semejante a Unión Fenosa o Endesa moviendo las teclas. Tal vez él encontraría que México, que necesita 2000 megavatios más de energía nueva al año, tiene más interés en este proyecto que Nicaragua. Vicente Fox, promoviendo su Plan Puebla Panamá, estuvo de visita y realzó Copalar en 2004 cuando generosamente se comprometió reparar la catedral de Managua. Los pocos ríos en México que todavía no tienen represas están muy defendidos por las comunidades afectadas. Tal vez el partido de Fox prefiere promover un proyecto en Nicaragua donde la tendencia es a privatizar recursos naturales. Irónicamente hay dirigentes que, en un año electoral gritan: “¡Río San Juan es nuestro!”, pero están dispuestos a subastar el río Grande de Matagalpa en el corazón del país Afectados/as resistirán El año pasado, mientras la Comisión Federal de Energía (CFE) de México hacía los últimos estudios de factibilidad de Copalar, varios de sus contratistas, que se presentaron disfrazados de turistas, fueron corridos de la cuenca por unos pobladores de Paiwas a punta de escopeta cuando fueron descubiertos. Durante los últimos tres años la Comisión Municipal Contra la Represa en Paiwas ha participado en encuentros internacionales de afectados/as por represas en Honduras, El Salvador, Guatemala y Brasil. La Comisión está enredada con gente solidaria con su lucha tanto dentro de Nicaragua como fuera. La Comisión está planificando sus estrategias de resistencia. En una ocasión, miembros de la Comisión oyeron a otro caminante de Masatepe, el actual director del INE, decir a un medio de comunicación que 5000 personas no iban a frenar el progreso del país. Saben que de hoy en adelante el Ejército va a acompañar a los/las diputados/as cuando visiten la zona (tal vez el 1 de septiembre de 2006). Saben que Copalar puede ser impuesto a punta de fusil. Saben que Paiwas puede ser militarizado de nuevo como lo fue durante la guerra. Saben que 80 personas fueron asesinadas en Guatemala en los 80 mientras protestaban por la imposición de una represa semejante. Saben que no quieren ser reubicados/as como ganado en la comarca de Ubú Norte, comarca en manos de enemigos políticos quienes les han quitado la cabecera histórica del municipio de Paiwas ¿Otro elefante blanco? Sin medir bien las consecuencias, parece que los promotores de Copalar quieren vendernos un proyecto que va a abortar a los ríos Grande de Matagalpa y El Tuma, construyendo un elefante blanco que a fin de cuentas pueda ni siquiera resolver la grave crisis energética que sufre Nicaragua. Mientras escribo, el lago artificial de Apanás en Jinotega no está lleno. A veces la planta Centroamérica genera sólo 7% de su capacidad por falta de agua, aun en la estación invernal. Copalar no está tan lejos de Apanás (90 kms). El Mojolca, otro embalse más pequeño sobre el río Tuma del mismo Proyecto Copalar, apenas dista 55 km. Si no se acopia agua en Apanás, las lluvias tampoco van a llenar los embalses de Copalar y Mojolca. Me parece que los ingenieros quieren construir las grandes cortinas de las represas y luego rezar por un huracán para que se llenen los embalses. A veces a los constructores ni les importa si funciona o no la represa, total que ganen el contrato. El lago de Apanás tampoco es una gran atracción turística. Los embalses tienden a recoger basura y llantas viejas. Emiten un olor semejante al olor de las estancadas aguas del Xolotlán. Los indígenas de la zona de Apanás añoran la vega tal como estaba antes de meter la represa allí, hace 45 años. Irónicamente, después de tantos años de perder sus tierras por las aguas de la represa, muchos de ellos ni siquiera gozan de energía en sus casas. Cerca de Matiguás, en el puente del Paso Real, 60 km río arriba de Bocana de Paiwas, el río Grande de Matagalpa se corta durante un verano normal. En el lecho del río se forma un rosario de charcos de agua estancada. El caudal del río Grande de Matagalpa no es lo que fue anterior al despale de la zona. Los primeros estudios de factibilidad son de 1974. El río ha cambiado. La cuenca ha sido convertida en pastizales para la ganadería que predomina en la zona. Hay mucho sedimento en el lecho del río Para leer el artículo completo, bajar el documento. ----------------- *-Inversionista jaimfelt@cablenet.com.ni
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