SIMAS

Nicaragua y Tanzania: tan distantes y tan parecidas

Apuntes de un breve viaje a Tanzania Elsbeth Horbaty* El aire está todavía fresco en esta mi primera mañana en Mwanza. Muchos de los 250,000 habitantes de esta capital regional en el norte de Tanzania todavía duermen. Otros parecen seguir la diversión en la disco a la orilla del lago. Aparte de los vigorosos ritmos africanos que salen de los parlantes, ningún otro ruido interrumpió el silencio de la noche, ni un grito, ni un disparo, ninguna sirena de patrulla policial. A las cinco en punto, se oye la voz del minarete de la mezquita del vecindario: “Allahu akbar”. Un poco más tarde, las campanas de la iglesia católica llaman a misa. A las siete, suena una sirena para avisar que zarpa el “Victoria”, un ferry que desde el tiempo de la colonización alemana surca este lago que es el segundo más grande del mundo. Un sol deslumbrante brilla ahora sobre el templo hindú y sobre el hospital moderno, construido por los israelíes en el centro de la ciudad. La primera imagen que se tiene de Tanzania es la de una pacífica convivencia entre diversas religiones y culturas. Tanzania, hoy con 36 millones de habitantes, logró su independencia en el año 1961. El primer presidente, Julius Nyerere, fue un político con una gran visión de país. En el tiempo de la revolución cubana, cuando también Zimbabwe, Mozambique y Angola lograron su independencia, Nyerere sentó las bases de una sólida identidad para los habitantes de Tanzania. Entre los años 60 y 80 del siglo veinte, en los otros países africanos tuvieron lugar setenta golpes de estado, y fueron asesinados trece presidentes. En Tanzania, al contrario, Nyerere procuró fusionar las diferentes tribus, culturas e idiomas. Decretó que el kiswahili sería el idioma oficial de Tanzania, y hoy todos hablan este idioma así como también su lengua nativa. Quienes han cursado la escuela secundaria hablan además inglés. Nyerere renunció a la presidencia en 1989, pero conservó su puesto como secretario general del partido, y hoy ese partido sigue en el poder. Tanzania es hoy oficialmente un Estado multipartidario. Desde diciembre de 2005, Jakaya Kilkwete es el presidente; 80% de los votantes dieron el apoyo a su partido, el Revolutionary Party of Tanzania (CCM), aunque según la Unión Europea hubo algunas irregularidades en el proceso electoral. El sistema político construido por Nyerere sigue vigente, aunque la mayor parte de sus ideales sociales tuvieron que ser abandonados. En 1961 había catorce millones de habitantes, y hoy 36 millones, un crecimiento que implicó muchos cambios. Todavía se percibe un aire de socialismo, hay poco pensamiento independiente y la política no está descentralizada. Tanzania y Nicaragua, los mimados de la cooperación internacional Igual que Nicaragua, este pacífico país es un mimado de la cooperación internacional. En los últimos diez años, el Banco Mundial y el FMI han llevado a cabo medidas de reestructuración parecidas a las de Nicaragua: construcción de carreteras, nuevos sistemas bancarios, modernización de la comunicación, licitaciones. Todo esto con la meta de construir un entorno favorable para las inversiones extranjeras y la empresa privada. En el 2005, Tanzania tuvo un crecimiento económico de un 6,8%, casi tan alto como el de China. Las cifras, sin embargo, son engañosas. Al igual que Nicaragua, Tanzania tiene su programa de reducción de la pobreza (NSGRP), el cual ya ha estabilizado los factores macro de la economía. Sin embargo, el 40% del presupuesto de Tanzania proviene de la cooperación internacional. Las carreteras se construyen principalmente hacia las minas de oro y de diamantes. Existen unas tres mil ONG, pero su poder de incidencia con el Estado apenas se comienza a sentir. Una de las más fuertes criticó el informe oficial sobre los éxitos del programa NSGRP, y fue amenazada con el cierre inmediato de la institución. El rápido crecimiento económico está llevando al país a un crisis ecológica sin precedente. Al ver la película “Darwin’s Nightmare” es posible formarse una idea de la enorme problemática, por ejemplo, del lago Victoria. La introducción de una especie foránea, la perca del Nilo, ha reducido la cifra de especies de fauna acuática de 320 a unas ocho. Las presas hidroeléctricas construidas en Uganda y la sequía que afecta a la región desde hace años, han ocasionado un descenso de varios metros en el nivel del lago. Además, todas las aguas negras de las ciudades circundantes fluyen prácticamente sin sistemas de limpieza directo a este recurso natural, único en el continente. En una carretera en construcción nos detenemos a comer en una parada de camioneros. Pronto se nos acerca un joven que nos ofrece diamantes del mercado negro. La brecha entre los pobres y los ricos, una vez más, comienza a ensancharse. VIH/sida Al despedirme de la directora de un programa de lucha contra el sida, me abraza y me lleva a la sala contigua. Allí se echa a llorar desconsolada. Su marido murió de sida hace unos meses. En Tanzania, la tristeza y el llanto sólo se pueden manifestar durante los siete o nueve días de duelo. Esta mujer, que parece tan fuerte, llora a raudales sin soltarse de mí. Yo siento su piel que huele tan diferente de la mía y me doy cuenta de que también aquí la alegría desbordante que se percibe por doquier contrasta a diario con una tristeza inimaginable. En Tanzania hay dos millones de huérfanos. Se habla de entre 2,5 a seis millones de personas que viven con el VIH, es decir, entre el 6 y el 20% de la población. El sida mata más de 500 personas cada día. Son las abuelas las que buscan la comida, trabajan la tierra y cuidan hasta 20 niños al mismo tiempo. En esta región a la orilla del lago Victoria, se comienzan a reportar casos de infección en estas abuelas. Según informes de “Help Age”, estas abuelas, desesperadas, también comienzan a vender su cuerpo para obtener ingresos y alimento. “Se muere antes de hambre que de sida”, narra el informe. El primer caso fue descubierto en 1983, en un hospital de Bukoba, en el norte de Tanzania. Durante la guerra en Uganda, los soldados heridos venían acá para recuperarse, y una muestra ratificó la presencia del virus. Ya para entonces, miles de gentes habían muerto por esta enfermedad que nadie conocía, y que, extrañamente, no afectaba ni a los niños ni a los viejos. Desde hace algunos meses se están distribuyendo los medicamentos RAV, es decir, pastillas que pueden reducir el avance del sida y que constituyen una de las pocas esperanzas en la lucha contra esta terrible enfermedad. Incluso se lee en el periódico que Tanzania es el primer productor africano de RAV. Sin embargo, la distribución y la ingesta de estos medicamentos es muy difícil. El fármaco debe tomarse todos los días, junto con la comida. ¿Qué puede hacerse en un país donde la gente no come regularmente, ni todos los días, y donde no existen refrigeradoras para conservar los frascos? Incluso existe el peligro de que la salud de la gente pueda agravarse si los fármacos no se toman como es debido. Millones de dólares en donaciones llegan cada año a Tanzania para la lucha contra el sida. Estrellas de Hollywood, cantantes famosos y otros personajes importantes se movilizan para ayudar. De este modo se recaban cantidades grandes, sin embargo, las organizaciones locales no tienen capacidad para darles curso con la debida celeridad. Además, hay que entrenar a la gente para administrar las finanzas, un proceso que es lento. Mientras tanto, algunas organizaciones internacionales comienzan a hacer sus propios proyectos, atienden directamente a la gente, pero sin tomar en cuenta la cultura local. Los más vulnerables son los huérfanos. Existen para ellos proyectos muy bien intencionados, donde se les enseña a auto-cuidarse, a administrar sus propios recursos. Sin embargo, cabe preguntarse si estos milles de niños que comienzan a deambular por las calles no llegarán a ser muy pronto presas fáciles para cualquier tipo ideología. Tecnología y naturaleza El cambio más drástico en este país ha venido con el desarrollo de las telecomunicaciones. Existen apenas 120,000 líneas telefónicas fijas para los 36 millones de habitantes. Hace unos diez años se comenzaron a introducir los teléfonos celulares, y pronto se convirtieron en el medio de comunicación preferido por la población, que en este país es de gran movilidad. Empleadas domésticas, choferes de taxi, guías turísticas, e incluso los miembros de la etnia Massai en el desierto de Serengueti —que normalmente se oponen a los “vicios” de la modernidad— están haciendo uso de los celulares. En la noche previa a mi partida, cae una lluvia torrencial en Dar-es-Salaam. Por muchos años no había llovido así. Las calles se inundan, el caos del tráfico es total. Opto por ir a pie, pues así llegaré más pronto a mi cita. Apenas llego, se va la luz. Con el propósito de ahorrar petróleo, el gobierno ha programado cortes de energía desde las seis de la mañana hasta las seis de la tarde. La mayor parte de las oficinas tienen generador propio, pero a causa de la lluvia tampoco funcionan. Todo queda a oscuras. La única luz que se percibe viene de los celulares que usan las secretarias. Una paradójica mezcla donde se combinan la tecnología ultramoderna y la ruda naturaleza conforma mis últimas imágenes de un país fascinante. ---------------------------- * Periodista suiza que ha vivido más de veinte años en América Latina. Actualmente se desempeña como encargada del programa África para la ONG suiza Interteam.
Relacionados