SIMAS

“La agricultura orgánica no tiene tiempo ni espacio”

Colombiano y graduado como ingeniero agrónomo en la Universidad Federal de Pelotas, Río Grande del Sur, en Brasil, Jairo Restrepo Rivera recorre América latina desde hace más de 25 años promoviendo la agricultura orgánica y el desarrollo rural sostenible. En Nicaragua el papel de Jairo Restrepo ha sido especialmente importante, en el fortalecimiento de las capacidades locales a favor de la propuesta agroecológica. Aprovechando su presencia en Nicaragua -para impartir dos talleres sobre remineralización de suelos, organizados por el SIMAS y el Programa Campesino a Campesino de la UNAG y para participar como expositor en el Encuentro Latinoamericano de Productores e Investigadores Orgánicos-, Roberto Stuart conversó con él para conocer el enfoque de agroecología que promueve, la potencialidad emancipadora que él le asigna y su visión crítica de los técnicos, universidades y ONG. Bastaron 45 minutos de conferencia con Sebastiao Pinheiro para encontrarle sentido a mis inquietudes y darme cuenta que lo que yo hacía no respetaba la vida... Ya casi tengo cincuenta años y desde mis orígenes he estado vinculado con las luchas agrarias. Comencé mi vinculación con estas luchas a través del teatro campesino, que se usaba para evidenciar la problemática del campo colombiano. Ahí me surge la pasión por entender más que lo tecnológico, los aspectos sociales de la agricultura. En 1979 fui a estudiar agronomía a Brasil, eran los tiempos de la última dictadura brasileña y yo había salido de Colombia por razones políticas. Una de las primeras cosas que me doy cuenta en Brasil es que para estudiar agronomía hay que entender primero la historia de las sociedades agrarias. Pues no puede existir sociedad (texto), desvinculada de tecnología (contexto). En ese entonces mi sueño era ser aviador agrícola - aplicador de venenos- y trabajaba para dos multinacionales. Con una estaba investigando sobre los efectos mortales del veneno Decis en el cultivo de la soya y con la otra multinacional investigaba para quitarle el olor a repollo podrido al Malation, para poder usarlo en el manejo de plagas en los locales donde se almacenaba maíz y trigo. A finales de septiembre de 1980 participé en una conferencia que impartía Sebastiao Pinheiro sobre los impactos de la tecnología y de los venenos en la agricultura brasileña. Bastaron 45 minutos de conferencia con Sebastian Pinheiro para encontrarle sentido a mis inquietudes y darme cuenta que lo que yo hacía no era sano y no respetaba la vida. En ese momento reformulamos nuestra vida familiar -mi esposa estaba experimentando su primer embarazo; entonces pase a abandonar los buenos honorarios que me pagaban por ser un objeto y un instrumento de investigaciones peligrosas. Mi primer trabajo con este nuevo enfoque fue un diagnostico sobre áreas de agricultura orgánica plantadas en América Latina y el mundo. Una de mis sorpresas fue encontrarme que sólo existían trescientas mil hectáreas de agricultura orgánica y comienzo a introducir en Brasil algunos ejemplos encontrados en el estudio. Para los años 79 y 80, surgió en Brasil el Movimiento Sin Tierra (MST) y el Partido de los Trabajadores (PT) y yo comienzo a vincularme con ellos de manera clandestina, porque yo era un estudiante extranjero que estaba en Brasil en condiciones de asilado político y los militares me habían establecido una serie de normas que tenía que cumplir para recibir su autorización para matricularme cada semestre en la universidad federal; pues recuerdo que el rector en esa época era un general del ejercito. Yo creo que lo que a mi me hace ir mas allá dentro de la propuesta de la agricultura orgánica es el concepto de que la agricultura orgánica, antes de ser un instrumento de transformación tecnológica, debe ser un instrumento de transformación de la sociedad. No basta cambiar la tecnología sino se cambia la sociedad en la que vivimos. Y precisamente, para eso sirven estos grandes eventos que se realizan en América Latina. Discutir tecnología es lo de menos y no es necesario hacer un evento de estos para intercambiar tecnologías. Para intercambiar y comprar tecnología sólo se necesita dinero e información y lo podemos hacer desde cualquier lugar donde exista una computadora para el contacto. Por eso estos eventos no deben transformarse en tiendas comerciales, deben servir para hablar de nuestras experiencias, deben ser momentos de reflexión, deben servir para recuperar el derecho a pensar. Vine a Nicaragua en 1995 .. y desde entonces no dejo de venir a trabajar y aprender.. Yo no le hago mucho a grandes definiciones conceptuales, me inclino más bien por definiciones prácticas de lo que sería una agricultura ecológica ... Yo conocía algunas cosas de Nicaragua porque sabía de la revolución nicaragüense y había participado de las brigadas bolivarianas de solidaridad que se organizaron en 1977 y 1978 desde los movimientos de izquierda colombianos para apoyar este proceso. Pero mi vinculación directa con Nicaragua fue en mayo de 1995 cuando estábamos en Cuba en el primer aniversario de la fundación de la agricultura orgánica al mismo tiempo que se conmemoraba el centenario de la caída de José Martí. Yo participaba con una conferencia magistral en una sesión que comenzamos a las 9 de la mañana y terminamos a las 8 de la noche. Ahí conocí a mi buen amigo Pascal Chaput del SIMAS, quien me propuso que visitara Nicaragua ese mismo año. Con este apoyo vine a Nicaragua y mi primera participación fue en la UNA (Universidad Nacional Agraria). Y aunque en la UNA no fue bien recibida la conferencia -porque el idioma que hablamos nosotros es diferente, es el de hacer pensar; mientras que el idioma que hablaban ahí, es el de obedecer y marchar; desde entonces no dejo de venir a Nicaragua a trabajar y aprender. Porque realmente muchas o todas las cosas que hago las he aprendido del campo, del campesino, porque “feliz es aquel que enseña lo que sabe”, y los que enseñan lo que saben todavía existen en el campo, los campesinos, mis profesores. Yo siempre digo que, gracias a los campesinos, purgué todos mis conceptos académicos, el engaño de la universidad. Los campesinos son un gran purgante para los académicos y por eso cada vez que voy al campo me hago una purga, y esa purga me la da la sabiduría y el conocimiento campesino. Yo no le hago mucho a grandes definiciones conceptuales, me inclino más bien por definiciones prácticas de lo que sería una agricultura ecológica. En primer lugar, la agricultura, cualquiera que sea, es un invento humano y por ser un invento humano provoca impacto en el ambiente. Entonces la agricultura ecológica debe tener tres bases: maximizar los recursos que se tienen, provocar el menor impacto posible en la naturaleza y buscar el máximo de independencia de insumos externos. Esas son para mí las tres patas que consolidan la definición académica de agricultura ecológica o agroecología. Son las tres patas con las que camino y lo que hace que tengamos cierto éxito como comunicadores en el medio rural. Cuando trabajo en el campo, trato de evitar al máximo el impacto con la tecnología, reconozco y maximizo lo que existe y busco los elementos que me hagan menos dependiente de insumos externos. En eso baso mi trabajo con los campesinos. Y cuando no puedo aportar para consolidar estos elementos, prefiero no opinar. Los fabricantes de la tecnología juegan a provocar asombro y agonía. La tecnología está más bien pensada para erosionar cada vez más el conocimiento...Los técnicos tienen erosionados sus conocimientos porque viven prendidos de la tecnología... El gran problema que tenemos ahora es que los fabricantes de la tecnología juegan a provocar asombro y agonía. La tecnología está más bien pensada para erosionar cada vez más el conocimiento. Cuando una persona tiene menos conocimiento y más acceso tecnológico, más se enamora de la tecnología. Hoy los técnicos, ya no son ingenieros, son peones mejorados en tecnología aplicadas, no poseen el ejercicio del conocer a fondo. Los técnicos tienen erosionados sus conocimientos porque viven prendidos obedientemente de la tecnología. ! Y con razón!, porque existe un vacío de conocimientos en la cabeza de sus profesores y en gran parte de las universidades latinas, que sólo se concentran en discutir tecnologías. Entonces hoy en día el agrónomo es preparado con elementos tecnológicos para dar repuesta a esa agonía, a esa problemática. Cuando la gente tiene un problema agoniza y eso lo saben muy bien las industrias. La gente agoniza porque no halla que hacer y necesita una solución. Entonces ellos provocan un asombro, porque dicen la solución está aquí. Y son los agrónomos los que llevan la respuesta y la solución a ese problema. Así fue que introdujeron la agroquímica, escondiendo conocimientos y provocando un impacto tecnológico para que nosotros nos enamoremos de los insumos. Leer entrevista completa, bajar documento en PDF (499 kb)
Relacionados