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Los biocombustibles en Nicaragua

Se conocen en Nicaragua al menos tres antecedentes de producción de carburantes de origen vegetal. La primera iniciativa se registra desde 1988, como una idea original del Dr Karsten Jochims, conocido localmente como Dr. Jícaro. Este es un economista de origen alemán, quien se quedó en el país, luego de terminar su servicio como funcionario de un organismo extranjero. En su iniciativa pretendía extraer diesel a partir de la semilla de jícaro (Crescentia alata). Este es un árbol endémico en mesoamérica, el cual crece espontáneamente en los campos arcillosos, gracias a la diseminación de semillas por el ganado vacuno. Era una iniciativa integral, pues pretendía obtener carbón a partir de la corteza leñosa del fruto. De la pulpa carnosa se podría destilar alcoholes y otros productos. La cascarilla de la semilla resultaba muy apropiada para preparar torta para vacunos. El embrión del jícaro debía comprimirse para extraer el aceite. El sólido resultante es muy nutritivo, apropiado para complemento nutricional, incluso para consumo humano. Las pruebas de laboratorio mostraban amplias probabilidades de viabilidad técnica, excepto por dos detalles que hicieron desistir al investigador: Estaba muy claro que las poblaciones silvestres de jícaro, eran insuficientes para alimentar una industria, aunque fuera pequeña. Era inevitable establecer plantaciones. Las cuales son vulnerables a la sequía y a los incendios, fenómenos son muy frecuentes e imprevistos en esta parte del país. El segundo talón de Aquiles de este proyecto era el polinizador. Se trata de una especie de murciélago (Glossophaga soricina Pallas), sobre el cual había muy poca información, y muy escaso control. Era un factor clave en el proceso productivo, y no había ninguna garantía de su capacidad de incrementar sus poblaciones, fuera de la época de máxima floración en las poblaciones silvestres de jícaro. Contra todo pronóstico, este innovador no se desanimó. Comenzó otra iniciativa más prometedora: Carbonizar malezas. Estas plantas crecen prácticamente en cualquier lugar, y toleran toda clase de adversidades ambientales. No requieren de plantaciones, ni mayores costos de inversión, excepto el de cosechar la biomasa. Esto sería un servicio importante para cualquier alcaldía, quienes tienen que invertir en la limpieza de calles, cementerios, caminos, etc. Todas las pruebas ambientales y económicas indicaron la viabilidad rentable del proyecto, para motores Diesel. lo que no es de extrañar, pues originalmente el Ing Rudolf Diesel, diseñó su motor para polvo de carbón. Ya se había diseñado un horno especial, pero muy simple, para carbonizar las finas fibras vegetales, de modo que no se conviertan en cenizas. Sólo hubo un inconveniente que no se había considerado inicialmente. En el año 1996 hubo un cambio en el gobierno. Con ello cambiaron las políticas energéticas, y la rentabilidad se postergó por tiempo indeterminado. Conocimos otra iniciativa austríaca, de desarrollar un proyecto experimental, para extraer diesel a partir de la semilla de tempate (Jatropha curcas). Este también es un árbol endémico en mesoamérica. También en este caso hubo datos promisorios en pruebas agronómicas en vivero. Los aspectos técnicos de transformación del aceite estaban a cargo de la Universidad nacional de ingeniería. Y los aspectos agronómico a cargo de la UNAN de León. Pero el proyecto presentó problemas desde su inicio. Los compromisos jurídicos fueron insatisfactorios para las cooperativas productoras involucradas, las cuales además necesitaban una supervisión más estrecha en todas sus técnicas de manejo para este cultivo desconocido para ellos. Se presentaron plagas imprevistas en el monocultivo, pese a ser un árbol nativo. El latex caústico provocó erosión química en la piel de los productores, y mucha inconformidad. De modo que en general, los volúmenes productivos resultaron muy por debajo de lo estimado, y la viabilidad del proyecto quedó disminuida. Las plantaciones de palma africana (Elaeis guineensis) constituyen un tercer antecedente de manejo, dedicado a la producción de aceite. Esta vez, para consumo humano, para sustituir al de algodón, cuyo cultivo había resultado inviable poco tiempo atrás. Era una iniciativa interesante del gobierno sandinista, para un polo de desarrollo en el sureste del país. Las plantaciones debieron establecerse por los campesinos, organizados en cooperativas, según el propósito original. Sin embargo, la empresa procesadora de aceite encontró un suministro muy irregular de la semilla aceitera con una calidad muy variada. Ante tan escaso control de la producción en campo, en el contexto de un nuevo gobierno, la empresa prefirió la compra de tierras. Con ello controlaba por completo todo el ciclo productivo. Ahora se abre una nueva perspectiva para este cultivo en función del combustible, pero los campesinos quedaron fuera del proceso. El 20 de Febrero recién pasado, el Nuevo Diario informa que salió de Corinto hacia Europa el primer embarque de tres millones de litros de Etanol, un alcohol extraído de la caña de azúcar, para ser utilizado como combustible de vehículos. Este primer embarque pertenece a la Compañía Licorera de Nicaragua, y la Empresa Sugar State. Por la crisis del petróleo el etanol tiene una gran demanda. Sólo estas dos empresas cultivan 36 mil manzanas de caña, las que serán ampliadas a unas 42 mil. Nicaragua se coloca así entre los países que producen combustibles no contaminantes. Lo que no informa el medio periodístico es el costo social y ambiental del manejo de este monocultivo. Usualmente, los monocultivos así manejados requieren por cada kilo caloría de producto, se requiere invertir mucha energía, en términos de combustibles para la maquinaria agrícola (adquiridos con divisas líquidas), llantas, lubricantes, repuestos depreciados, insecticidas, fertilizantes, y agua para el riego. Tales costos son tan altos que se justifican económicamente sólo en condiciones de latifundio cada vez más grandes. En dichos costos no cuentan la contaminación de los suelos y las aguas, y la disminución de la biodiversidad, por simplificar un ecosistema tropical complejo. A eso debe agregarse el costo de restaurar la salud de los obreros, que usualmente son subsidiados por la familia doliente. Ordinariamente estos últimos datos no participan del cálculo de costos del biocombustible, porque lo subsidian el ecosistema natural, y la sociedad rural. Eso lo hace muy rentable. *- Enlace RAP-AL/ GPAE rapal@turbonett.com.ni
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