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Verdades y mitos sobre el biocombustible en Nicaragua

Recientemente circuló en Nicaragua la noticia de que “América Latina es el campo de batalla de una guerra fría en torno a los biocombustibles que enfrenta a dos bandos bien diferenciados: Brasil y EU, sus principales impulsores, y Cuba y Venezuela, sus máximos detractores”. Cabe destacar que en el centro de la polémica de los también denominados combustibles alternativos se otorga prioridad a las “necesidades” de los automóviles, y las personas están fuera del escenario. En materia de política exterior a la Administración Ortega se le ubica en el segundo grupo. El gobierno de Nicaragua ha tomado posición pública en esta controversia, y se opone a la producción de etanol sobre la base de caña de azúcar. La esencia del planteamiento es que este modelo de producción tiene las características de los monocultivos. Adicionalmente, en el país ya se habla tímidamente también de la producción de biocombustible sobre la base de maíz, arroz y semilla de jícaro, entre otros. Y más recientemente, engordar cerdos y extraer manteca para la producción de biocombustible. En la agenda global, y concretamente en círculos financieros y políticos, el tema del combustible alternativo se debate. Lamentablemente, la controversia acerca de los programas y proyectos que se desarrollan evidencia que los compromisos adoptados en la llamada Cumbre del Milenio (2000) cada día se alejan más como objetivos y metas por cumplir. Las respuestas a los problemas responden a la acumulación de capital, y en detrimento, entre otros aspectos, de la vida de las personas, acceso a alimentos, deterioro del ambiente, etc. Recordemos que el llamado combustible alternativo responde a un problema que se deriva de los automóviles, y la respuesta es en detrimento del alimento de las personas. Las autoridades de Nicaragua han expresado públicamente que se oponen a la producción de etanol, sobre la base de caña de azúcar, porque es un monocultivo, y que prefieren el biocombustible que se deriva de la palma aceitera o africana. No explican que desde la década de los años 80, en Nicaragua se comenzó a cultivar palma, sin estudios de impacto ambiental, para la producción de aceite comestible. Y recientemente se ha conocido la noticia del desarrollo de un proyecto en el corazón del Refugio de Vida Silvestre Los Guatuzos para la siembra de 5,000 hectáreas de este otro monocultivo: palma aceitera. Pero, ¿acaso la palma aceitera no es un monocultivo de los más agresivos? Nicaragua, a finales de 2003, tenía un área de aproximadamente 40 mil hectáreas de este cultivo. Pero debemos advertir que al público se le traslada la información como si se tiene la intención de adoptar el cultivo, cuando la verdad es que ya existen áreas destinadas a la siembra. Adicionalmente, el énfasis de la información es que debe servir como combustible alternativo. Nadie explica que anteriormente el proyecto era para la producción de aceite comestible. Ahora hay que responder a las necesidades de los automóviles y a la sed de dinero. Los problemas y las necesidades de las personas más vulnerables están fuera de la agenda de las autoridades. Durante la última campaña electoral en Nicaragua (noviembre de 2006) los candidatos a la Presidencia de la República destinaron sumas importantes de dinero para vender la ilusión de que la adopción del cultivo de la palma aceitera ofrecía sólo ventajas al país. Por supuesto, ninguno habló de producción de aceite comestible. Básicamente se habló de dos temas: generación de empleo y producción de biodiesel. Se presentaron los mitos y se ocultaron las verdades. Para muestra estos dos botones, parafraseando un adagio popular. Examinemos uno de los mitos: la generación de empleo. Se tiene información de que “las plantaciones de caña de azúcar y la producción de etanol en Brasil son el negocio de un oligopolio que utiliza trabajo esclavo”. Pero no solamente trabajadores se exponen a estas relaciones infames de trabajo, sino que comunidades enteras están en peligro de perder todo. “Las plantaciones de palma aceitera se expanden a expensas de las selvas y territorios de poblaciones indígenas y otras comunidades tradicionales de Colombia, Ecuador y otros países, crecientemente orientados a la producción de biodiesel”. Nicaragua ni ha sido ni será una excepción ante este modelo de producción. Caso contrario, la vida nos enseña diariamente. También se oculta que en estas plantaciones se hace uso intensivo de los agro tóxicos sintéticos. La pregunta obligada es: ¿dónde queda el compromiso de Estado de eliminar para 2020 la producción y uso de químicos que dañan la salud y el ambiente? Nicaragua tiene una historia dramática para miles de personas que han laborado en plantaciones de algodón, caña de azúcar, café, tabaco, y que han sido expuestas por el uso de químicos. El Ministerio de Salud tiene un registro impresionante: 70,000 personas con cuadro de intoxicación promedio por año, pero el subregistro resulta más alarmante. Sobre el otro mito, nunca han explicado que de la palma aceitera se puede extraer una serie de productos comestibles, así como para la industria cosmética y de aseo, y el ya famoso biodiesel. Pero lo más grave está en la información que ofrece cualquier estudio serio de impacto ambiental sobre el cultivo de la palma aceitera. Y los más dramático es la realidad de miles de personas que ya han vivido las consecuencias negativas porque en sus países han adoptado el cultivo de palma aceitera. Examinemos algunos de los resultados de estudios de impacto ambiental sobre la palma aceitera: El cultivo de la palma aceitera demanda de extensas áreas. Recordemos lo que ocurrió en los alrededores del poblado de Kukra Hill, en la Región Autónoma del Atlántico Sur, de Nicaragua. Por una decisión del gobierno la frontera agrícola surgió en el corazón del territorio de los indígenas, ¿y qué? Éste es un monocultivo que desaloja a las personas y otros seres vivos. También elimina los bosques, y en consecuencia la diversidad biológica. Recordemos el compromiso del Estado de revertir la tendencia de pérdida de los recursos naturales. La adopción de este cultivo significa acelerar la pérdida de los recursos naturales del país. Y del agua, ¿qué decir? Este cultivo demanda un volumen impresionante de agua. En Nicaragua ya se tiene un problema muy severo que limita el acceso al agua para miles de personas. Es decir, también atenta contra los cuerpos de agua. Atenta contra la vida de las personas y otros seres vivos. La lista de los impactos negativos para el ambiente y la vida resulta impresionante. Es urgente que las autoridades de Nicaragua adopten, como es su obligación, en las políticas públicas y demás instrumentos del marco regulatorio y jurídico los principios del desarrollo sostenible. En primer lugar, para la toma de decisiones deben estar las personas, y las políticas de Estado deben responder a la vida de las personas. Las obligaciones de Estado y los compromisos de las llamadas campañas electorales están planteados, ahora es tiempo de cumplir sin justificación alguna. ----------------------- *- Coordinador del Programa de Incidencia CISAS. Tomado del Nuevo Diario. incidencia@cisas.org.ni
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