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En la lucha contra el hambre: ¿Cómo asegurar la alimentación?

Cada año por causa de la pobreza más personas pasan hambre. Por más de 40 años los organismos internacionales vienen hablando de tener asegurada la alimentación, el hambre continúa. En el mundo se produce suficiente alimento como para alimentar a dos mundos. Hay países como Argentina que produce el triple de los alimentos que su población necesita, sin embargo allá los pobres también padecen de hambre. ¿Dónde está entonces el problema?, pregunta Eduardo Vallecillo, coordinador del grupo de organizaciones sociales llamado Grupo de Interés en Soberanía y Seguridad Alimentaria y Nutricional, GISSAN. Lo contrario del hambre y la desnutrición es la seguridad alimentaria, que tiene cuatro pilares o condiciones: 1. Suficientes alimentos en el país Hoy día en Nicaragua hay suficientes alimentos en los mercados, contrario a lo que pasaba en los años 80 cuando estaba desabastecida por causa del bloqueo impuesto por los Estados Unidos. 2. El acceso a los alimentos Hoy día hay alimentos, pero no hay dinero para comprarlos, ya sea por el desempleo o por los bajos salarios. El salario mínimo ya no cubre ni la mitad de la canasta básica. Es decir, no hay acceso a los alimentos. 3. El consumo ¿Qué se está consumiendo? En la actualidad consumimos muchos alimentos preparados con productos traídos del extranjero, como las tortillas hechas de masa de maíz importado, leche que se prepara a base de leche en polvo importada, tallarines, sopas instantáneas, bebidas, embutidos, enlatados, panes y chucherías. Los alimentos preparados tienen un valor nutritivo más bajo que los alimentos naturales; además, hay alimentos de origen transgénico, que son un riesgo para la salud. Estos alimentos importados no contribuyen a la economía nacional, ya que para comprarlos a otros países gastamos cada año unos 300 millones de dólares. 4. Calidad de los alimentos El último pilar de la seguridad alimentaria es lograr la nutrición de las personas, poniendo a disposición alimentos de gran valor nutritivo, de manera que la persona esté sana y pueda llevar una vida activa. Si a un niño se le da un glu glú y un pico, se le está matando el hambre pero no se le está alimentando para estar sano. Muchas veces los que tienen con qué comprar son los que peor se alimentan, pues comen hot dog, tortillitas y bebidas gaseosas. El alto consumo de estos productos se debe en parte a la gran propaganda que de ellos se hace y la poca educación a la población sobre el beneficio de consumir alimentos sanos y nutritivos. La raíz del problema Combatir el hambre no es sólo producir alimentos. Un país puede producir suficiente comida y la población pobre no la puede comprar por no tener dinero, ya sea por los salarios bajos, porque no tienen empleo o porque malvenden lo que producen. El origen del hambre tiene su raíz en la forma en que el país produce. Si la producción va destinada a la exportación, una característica es que para exportar hay que producir grandes cantidades. Esa experiencia ya se vivió en Nicaragua con el banano, el algodón, el tabaco y la caña para la producción de azúcar. Estos cultivos se caracterizan porque se establecen en las mejores tierras, se siembra un mismo cultivo en una gran extensión, se usa maquinaria agrícola, se aplica agroquímicos y los salarios que pagan son muy bajos. Este modelo de producción no resuelve el problema del hambre porque, miles de familias se ven obligadas a vender sus tierras y a trabajar como peones en las haciendas, dejando así de producir sus alimentos. Este modelo destruye el bosque para convertirlo en terrenos agrícolas, contamina los suelos y el agua, por el uso de los productos químicos que con el tiempo afecta la salud de las personas y si bien es cierto que el país exporta estos productos, también es cierto que compra los alimentos a los países ricos, donde producir alimentos es uno de los mejores negocios. En cambio si el país produce pensando en resolver el problema del hambre, la primera preocupación es cubrir las necesidades de alimentos de la población, y destinar para la exportación los excedentes. Las comunidades indígenas y los campesinos por tradición han trabajado con esa lógica. Hoy ellos siguen produciendo parte de los productos que comemos, sin embargo no se les reconoce como parte importante de la economía nacional. Hoy día se le da valor a los aportes de los inversionistas a la economía de Nicaragua, sin embargo si revisamos sus aportes, de cada 100 dólares que ingresan a Nicaragua, 27 lo aportan las remesas familiares, o sea los nicas que trabajan en otros países y 17 dólares provienen de los inversionistas. ¿Quienes son esos nicas que envían el dinero? Los que aquí no encuentran trabajo, gran parte de ellos son campesinos que ya no pueden vivir de lo que producen, o que se han quedado sin tierras. La soberanía alimentaria La Constitución de Nicaragua el artículo 63 dice: “Es un derecho de los nicaragüenses estar protegidos contra el hambre”. ¿Se cumple este artículo? El día 16 de octubre se celebra el Día de la Alimentación. Ese día las organizaciones que trabajamos en temas de agricultura orgánica, nutrición o en apoyo a organizaciones campesinas e indígenas, lo celebramos como día de la soberanía alimentaria. El hambre y la desnutrición se van a vencer cuando los campesinos y las comunidades indígenas produzcan los alimentos que necesitan ellos y las comunidades. Esta es una reflexión que se está dando en muchos países del mundo: sólo será posible vencer el hambre si se vence la pobreza, si los campesinos y campesinas tienen acceso a tierras, al agua, al crédito, a sembrar sus propias semillas y a vender en los mercados la parte de la cosecha que no se va a comer. La soberanía en la alimentación se va a lograr cuando se tenga el control desde lo que se produce, hasta la venta y el consumo, y seams capaces de producri lo que el país necesita. En esta reflexión se comparte que lo que ha generado la pobreza y el hambre es la forma en que se da la producción y las relaciones del comercio entre países ricos y países pobres. La entrada de productos agropecuarios a un precio por debajo que lo que cuesta producirlos aquí, destruye la economía de la familia campesina y acaba con su capacidad productiva. Estos productos son baratos, porque en su país de origen tienen el apoyo de sus gobiernos a través de los subsidios agrícolas, como la leche, el maíz…y en nuestros países entran con poco o ningún impuesto. Para resolver el problema de la pobreza y el hambre es necesario plantearse un modelo que permita satisfacer primero las necesidades básicas de la población y luego las exportaciones. Eso sólo es posible si el país puede definir sus propias políticas para proteger la la producción nacional y políticas sobre la alimentación. Es decir que el país tenga el control sobre todo el proceso de la producción de los alimentos, desde que se siembra hasta que se venden. Las organizaciones que trabajamos en estos temas estamos luchando para que se apruebe una ley sobre soberanía alimentaria y nutricional como un derecho que tiene Nicaragua a decidir cómo van a producir, distribuir y consumir sus alimentos, que es donde está la raíz del problema del hambre y la desnutrición. ------------ *-Este artículo es parte de un estudio realizado de manera conjunta por la Fundación Luciérnaga y la Revista Enlace.“Lo Primero es la comida” publicada en enero 2008. La edición especial de la Revista Enlace estará disponible en el sitio web: http://www.fundacionluciernaga.org/index.php?option=com_content&task=view&id=79&Itemid=68
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