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Importancia de la restauración del Lago Xolotlán

Tomado de El Nuevo Diario Todos sabemos que nuestro Lago Xolotlán ha sido degradado de forma extrema, lo que ha llevado a la opinión pública a pensar que se trata de un lago muerto, un caso por el que ya no hay mucho que hacer porque es un lago perdido. Felizmente, son conceptos equivocados. Evidentemente, el caso del Lago Xolotlán es serio, por dos razones: Primero, es frágil por su naturaleza. Los 1,016 km2 de su superficie (cuando se encuentra a 39 metros sobre el nivel del mar), son la sexta parte de la cuenca de drenaje (6668 km2 ) que inicia en el lago artificial de Apanás, en Jinotega, drenada por los ríos Viejo, Sinecapa, Pacora y otros menores. Es sumamente somero, ya que a pesar de su extensión y tamaño, la profundidad promedio es de apenas 7,8 metros y la máxima es una pequeña depresión de 26 metros en un solo punto cerca de Momotombito. La mejor imagen del agua contenida en el Xolotlán que podemos hacernos es la de una lámina delgada, con 58.4 kilómetros de largo (desde Tipitapa hasta Puerto Momotombo), y de 32.7 kilómetros de ancho máximo. En consecuencia, funciona como una pana de evaporación constante de agua, ya que evapora doble cantidad de agua que la que ingresa por lluvia al año. Este fenómeno causa el efecto de salinización, ya que el agua que se evapora por la superficie deja atrás las sales y minerales. Estas aguas con sales tienden a concentrarse como una sopa recalentada ya que a pesar que el Río Tipitapa aparece en los mapas como desaguadero, en realidad no descarga las aguas del Xolotlán de forma continua. El agua que llega al Xolotlán tiende a permanecer, junto con cualquier contaminante que reciba. El siglo pasado, solamente fluyó en cuatro períodos de lluvia torrencial, la última vez fue con el Huracán Mitch, de todos conocida. Esto se debe a que para desbordar sobre el Tipitapa, el Xolotlán debe alcanzar la altura de más de 41,5 metros sobre el nivel del mar. Estas peculiaridades naturales son agudizadas por la función del viento, que es un factor ecológico de trascendencia para el Xolotlán. El viento es constante sobre su superficie, y brisas de apenas dos metros por segundo son capaces de iniciar la turbulencia que puede mezclar no sólo la columna de agua completa sino también el fondo, suspendiendo los sedimentos depositados de forma tal que el característico color marrón de sus aguas es producto de los sedimentos en suspensión. En consecuencia, la inyección de oxígeno es constante (felizmente para los seres vivos que dependen de él, y para facilitar la descomposición de la materia orgánica que recibe), pero la penetración de luz es bajísima, dada la opacidad del agua que no permite el paso de la luz indispensable para la fotosíntesis de las algas. En segundo lugar, se encuentran las modificaciones antrópicas del ambiente, que resultan agravantes para las condiciones naturales ya mencionadas. El agua que escurren de los ríos tributarios del norte están cargados con sedimentos, agroquímicos tóxicos y fertilizantes. Las aguas negras crudas de la creciente población capitalina (120 000m3 por día) han llegado continuamente hasta hoy desde 17 alcantarillas directas, unas 1400 toneladas de basura diarias son concentradas en la Chureca a orillas de sus aguas, desde donde los fermentados líquidos que se producen (lixiviados) contaminan las aguas subterráneas que luego afloran en sus aguas; otra cantidad importante de basura no puede ser colectada, y es arrastrada hacia los cauces, cárcavas del siglo antepasado, desde donde llega directamente hacia sus aguas. La subcuenca sur, de unos 600 km2, es una pesadilla urbanística, caracterizada por el desorden de más de trescientos asentamientos que llamamos Ciudad de Managua. Managua está asentada en una pendiente que inicia en Las Sierras a 900 metros de altura y que termina a unos 17 kilómetros a la orilla del Xolotlán. En cada lluvia sufrimos las lodosas aguas con los suelos arrastrados en cauces e inundaciones, adornados con miles de toneladas de basura. Todo ingresa al Xolotlán. Es en esta Ciudad donde se asienta el 90% de las industrias nacionales, cuyos efluentes también son vertidos a las alcantarillas de aguas negras, o descartados donde no sean percibidos por las autoridades. Algunas de ellas, como el triste caso de Electroquímicas Pennwalt, han dejado en el Xolotlán más de 120 toneladas de mercurio metálico, que hoy constituye el riesgo más severo de contaminación por metilmercurio para la población a través de los peces del Xolotlán y las aguas que pasan al Gran Lago Cocibolca masivamente cada cierto número de años. El aporte de nutrientes o fertilizantes (fósforo y nitrógeno, fundamentalmente), contenido tanto en los desechos agrícolas como en las aguas negras crudas que ha recibido, es responsable de la masiva producción de algas que transforma este lago hacia condiciones de hipereutrofización, denominación para la precaria situación ecológica que padece. Todo lo anterior sirve para ilustrar la gravedad de la situación del Lago Xolotlán, situación que podría ser aún más grave ya que el más importante recurso natural de Nicaragua, el Gran Lago Cocibolca, se encuentra aguas abajo, vulnerable e indefenso. Felizmente, hoy con el inicio de operaciones de la Planta de Tratamiento de Aguas, se nos permite enfrentar con esperanza los desafíos de concebir un Plan de Gestión Integral para la Cuenca que totaliza 41 600 km2. Otro importante aporte al saneamiento del Xolotlán es la reducción del impacto del basurero La Chureca, que eventualmente controlará tanto la llegada de desechos sólidos a sus aguas como la de los tóxicos lixiviados. Por lo dicho líneas arriba, es claro que los problemas del Xolotlán no son únicamente los ligados a las aguas negras, sino que en sus 6668 km2 se observa una compleja maraña de dificultades que también necesitan de atención, ya que de lo contrario el enorme esfuerzo nacional e internacional con inversión de muchos millones podría no solamente producir un bajo impacto sino hasta arriesgarse el desperdicio de este valioso esfuerzo. Hemos llegado al momento de la necesidad de concebir la administración de la Cuenca de los Grandes Lagos como una unidad territorial única, con políticas de aprovechamiento y protección en línea con los objetivos que el Plan de Desarrollo Humano logre conciliar desde el Gobierno Central con los municipios que como un mosaico integran este territorio, que es un tercio de nuestro país y en el que viven dos de cada tres nicaragüenses. El interés que autoridades centrales y locales muestran en nuestros días sobre diferentes segmentos en la Cuenca 69, debe llevarnos a construir un Plan de Gestión Integral para el corredor de los suelos desde Apanás en Jinotega hasta San Juan de Nicaragua, en el Caribe. Éste debe ser un tema para el próximo IV Foro del Cocibolca, en Rivas el 28 de abril, y la guía de trabajo para la Comisión de Desarrollo Sostenible basada en la Ley 626. La puerta de entrada obligatoria es el Lago Xolotlán, que hoy puede volverse prioridad para nuestro desarrollo. *.Director del CIRA-UNAN salmon@cira-unan.edu.ni http://www.elnuevodiario.com.ni/opinion/41299
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